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Mundo Playmobil

la vida de un playmobil que postula hipótesis sólo para no comprobarlas

Washington Cucurto; un mal escritor y un laberinto de links

si usted tiene muchas ganas, tendría que darse vuelta por estos lados
    1) Narración policial de Quintín en 5 entregas (Hechos de Cucurto)
    2) El hombre del Casco azul, de Washington Cucurto
    3) Reseña de Dudodetodo, un blog opuesto


De una manera completamente extraña, Washington Cucurto - o su alter ego en la vida real, Santiago Vega - termina exigiendo preguntarse por los límites de la literatura.

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Si la legitimidad del escritor reside en publicar, es claro que Cucurto no lo entiende de esta forma y que busca su legitimación en otro lugar; es innevitable que al mencionarlo, uno deba, acto seguido, agregar: "el que es repositor de Coto", algo que él mismo alienta. Su mejor carta de presentación radica en un mundo biográfico, al menos a primera vista, extraliterario.

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Mientras mi amigo Dragón del Mar intentaba que una idea mínima que se me había ocurrido se convirtiera en un relato literario, se hartó de que a mis personajes no les ocurriera nada y me espetó: "¿Te dás cuenta que estás evitando, de todas las formas posibles, el conflicto?"
En El hombre de Casco Azul, Cucurto hace lo mismo, con la diferencia de que él lo publica; el relato pormenorizado de sus rutinas laborales justamente enseña, con una lógica práctica irrefutable, cómo evitar el conflicto con otros repositores, con el supervisor del supermercado; de hecho, en el único momento donde podría surgir ese conflicto que de cuerda al relato literario, cuando la autoridad grita "Vega!!!!, el verdadero nombre de Cucurto, el cuento se termina. ¿Por qué se evita el conflicto, al menos en este relato? Porque para Cucurto no hay otra salidad más que ser repositor de supermercado; el conflicto podría deshacer esa débil legitimidad y convertirlo en Santiago Vega, un escritor bastante malo.

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El detalle pormenorizado de las rutinas cotidianas de Cucurto repositor no tiene un criterio de selección ni de relevancia; puede pasar de esta frase práctica "Primero, apoyamos el palet cerca de la góndola, a la zorra elevadora la trabamos debajo del palet para que nadie se accidente" a esta cuasi ley económica del hipermercadismo "Muchos veces las promociones son mejores que el producto", sin un hecho intermedio que explique. La razón es clara: sin una hipótesis de conflicto previa, la descripción es tan caótica e inútil como las percepciones de Funes o como la descripción del punto del centro de la cancha de fútbol.

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En este cuento y en otras de sus novelas (acá sí hay conflicto), Cucurto actúa como el poronga del pabellón que es entrevistado en clave intimista por Gastón Pauls. A medida que hace su recorrido cotidiano, nos va contando los pormenores poco interesante de una actividad que, no por ella misma, sino por el escaso ingenio de Cucurto, no alcanza a convertirse en algo digno de contarse ni de leerse; Cucurto debe exhibir, cual poronga de la cárcel, que la tiene más larga, que él sí sabe como se debe vivir, que él sí sabe lo que es el trabajo del proletario y que nosotros sólo lo podemos saber a través de él, gracias a que vamos pegado a su casco azul, sacando fotos como turista alemán en el piquete. En definitiva, Cucurto es un pintor sin manos, que tiene que aclarar que no tiene manos para no ser juzgado severamente por sus lectores.

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En Dudodetodo, Diego , luego de Demostrar - sí, con mayúsculas - que pasó mucho tiempo en Puán, cae en una emboscada "Esa es la grieta que nos permite deambular por la subjetividad del autor más que por la de un repositor de Coto, verosimilitud que no consigue cristalizarse justamente porque falla el artificio al intentar clausurarlo para mostrar directamente la realidad tal cual es. "
La emboscada es la que, en definitiva, elabora marketineramente Cucurto y que, en buena medida, la logra: que terminemos hablando del pintor sin manos, del repositor de Coto y no de lo mal que genera literatura Cucurto. Diego cree que los repositores hablan como Cucurto, que sus vidas son las que él cuenta y que lo que le falta es asumir el "artificio", el ser escritor.
Cuando leo literatura, a mí no me importa si Cucurto es efectivamente repositor o si es una construcción de la imaginación popular; tampoco me importa si la vida de un repositor es como él la cuenta. Lo que debería importar es cómo escribe y cómo cuenta lo que sea que cuenta. Y lo hace mal. Terminar hablando del desdoblamiento de Cucurto como repositor y escritor, habilita a que ese criterio de legitimidad se instale por sobre cómo escribe alguien.

Referencias

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Comentarios

  1. Se trata de relatar en una primera persona omnipresente en ambos lados del relato, la del relator y la del lector que va pegado al casco azul atravesando la plaza once. Esta suerte de monólogo con arreglo a fines suena a esa desprolijidad creativa que trata de simular que ella misma es una producción (estilística) súmamente cuidada. Es como no saber jugar al fútbol y adoptar pose de ir a menos sonriendo y guiñando un ojo cada vez que la tirás afuera.

    No provoca, no entretiene, no resiste.

    No atrae, no es literatura, pero yo lo leo.

    Comentario de Flavio Pedemonti hace 2 años y 30 meses

  2. Estimado Playmovil,

    Nunca puse atención a la autobiografía de Cucurto cuando me puse a escribir sobre ese cuento. El repositor de supermercado es el protagonista, y ese protagonista es que el no es creíble en tanto la identidad que adopta; ese protagonista es el que termina siendo una conjugación de tensiones cuan lista de diputados peronistas bonaerenses que se desvanece a la vez que va largando esquirlas acerca de los deseos, de las tradiciones y de la moral del autor del relato. El artificio no funciona, por eso no sabemos nada acerca de la vida de un repositor de Coto. El artificio sí funciona en las grandes obras de la literatura, desde Don Quijote hasta el marinero de Saer en El Entenado.
    Después está la estrategia marketinera de Cucurto en la que su pasado proletario juega un papel central. Que los narradores de sus cuentos adopten esa identidad es parte de esa estrategia, pero debe ser analizada en cada caso omitiendo todo lo que exceda a la inmanencia de ese texto que uno tiene entre manos en ese momento.
    Cucurto tiene talento, consigue climas interesantes. Pero se va en seco antes del orgasmo de la mujer (lector) apurado por la estrategia de marketing que se le mete en la obra.

    Saludos

    Comentario de Diego hace 2 años y 30 meses

  3. Apoyo esta moción (incluídas las contemplaciones del dudoso Dudador de Puán) porque se impone el deber de rascar, aunque sea un poquito, sobre ciertas figuritas con brillantina literaria que aparecen pegoteadas - por demasiadas paredes - sin demasiado que decir (porque lo dicen mal, porque no dicen nada, porque dicen lo que ya fue dicho hace rato, porque dicen solamente para escucharse ellos, porque dicen lo que en realidad otros dicen que dicen, en fin).

    Como con Néstor Perlongher, por ejemplo.
    O Viel Temperley. O Terranova, más acá.

    Lecturas que incitan, digamos, no "actos inquisitivos", pero sí algunos debidos "sinceramientos". Puestas de puntos sobre determinadas íes, que en definitiva, en este país, no perjudican a nadie.

    Saludos


    Comentario de Mavrakis hace 2 años y 30 meses

  4. flavio, es muy buena la imagen del perdedor canchero; pero el tema es que en Cucurto el lector está presionado y limitado; es como si un jugador de Perú del 6-0 del 78, hubiera puesto cara de estar cancherenado
    diego, de nuevo, creo que el problema es literario y no de reflejar más o menos la realidad. Pero, de todas formas, el tema es que, en el fondo, muy en el fondo, como lo decis vos en algún lado de tu post, Cucurto termina siendo un naturalista literario, que cree que el lenguaje es transparente. Pero ni siquiera cuenta algo interesante como lo hacía Zola.
    Mavrakis, de nuevo de acuerdo; es el problema de hasta donde lo nuevo cronologico es lo "realmente" novedoso. Por otro lado, ayer pensaba que cuando la biografía se tiene que utilizar para explicar y justificar algo, ahí ya se entra en el terreno de lo cuasi anécdotico que, creo, es lo que pasa con Cucurto. No así con Casas, pero ese es otro costal en el que todavía no tengo ganas de meterme.

    Comentario de playmobil hace 2 años y 30 meses

  5. Lo único que lograron es que me haya comprado "EL PORNÓGRAFO", y que vaya a leerlo, con estudiantil avidez puanesca, antes de volver a opinar al respecto. Al menos tiene el mérito intelectual de mencionar - en entrevistas, vió - a Asís como a un escritor. Poderoso novelista menospreciado a la hora de elucubrar cánones; todavía más poderosamente copiado - por algunos - a la hora de narrar y luego publicar.

    No la haré yo la lectura, lo hará el Pato Galmarini, asesor literario.

    Por el momento, Terranova tiene $22.
    Cuando lo lea bien leído: "Volveré".

    Comentario de Mavrakis hace 2 años y 30 meses

  6. Me voy a poner puanesco, pero de historia; corredor por izquierda de mal talante. Querido Playmobil, el lector no está limitado a nada cuando puede tener consciencia de lo que está leyendo. El lector que está verdaderamente limitado, mejor dicho, el NO lector (al estilo Beetlejuice) es el perjudicado. Mi trabajo me llevó a leer la noticia de la victoria electoral de Hamas en la puerta de la Villa 20, antes de entrar al barrio. Por un momento me pregunté si los vecinos de allí les importaba. Luego me pregunté si sabían que era Hamas. Luego me pregunté si sabían ubicar en el mapa Israel, Iran, Irak. Luego me pregunté si el equivocado no era yo, leyendo sobre Hamas cuando hay gente que vive en lugares como la Villa 20. ¿Quién es el lector limitado? ¿El límite lo pone el texto o el contexto? ¿Me fui al joraca? Yo les avisé. Puanesco, pero de historia. Abrazos múltiples.

    Comentario de Flavio Pedemonti hace 2 años y 30 meses

  7. Seguro, el tema es literario, sería un error de nuestra parte y un balde de nafta en la caldera que hace funcionar al autor que estamos tratando, salirnos de ese lugar. Lo que ocurre es que la literatura está adentro de la realidad, adentro de éste mundo. Y también ocurre que las palabras, mal que nos pese, representan. Si me dicen "gato" me imagino a ese animalito que maúlla y toma leche en la casa de mi tía. Si me dicen "cadete de Coto" me imagino a esos chicos que reparten pedidos con sus uniformes azules y rojos. Para que la literatura sea buena, ella tiene que permitirme jugar al juego de la representación por más que lo palabra que aparezca sea "marciano" o "centauro". El marciano puede hacer cualquier cosa menos haber nacido y vivido toda su vida en el planeta Tierra, ahí se rompe el pacto de lectura. Cucurto fuerza el pacto de lectura al suponer que éste está garantizado por la identidad que como autor ha tomado en la vida pública argentina. Necesita ese soporte para que su cuento funcione. Pero la literatura no es así, la literatura es el texto. Por eso se cae, por eso terminamos sin saber nada sobre el personaje que plantea, porque es una entelequia, un personaje mal construido. El relato no nos permite seguirlo porque en su dialéctica con el lector se pierde, se autobloquea. No se puede escribir literatura andando en moto, no se puede tener lectores sin escribir, no se puede ser marciano y haber vivido siempre Puan. Si A es B, y B es no C, A no puede ser C.
    Después, podemos tirar hipótesis acerca de los por qué de esa construcción equívoca, acerca de esas necesidades que vemos plasmadas en sus intentos en ese cuento. Allí es donde entra a tallar el marketing metiéndose en la literatura misma.

    Saludos

    Comentario de Diego hace 2 años y 30 meses

  8. Antecedentes literarios del protagonista de profesión repositor del cuento: el Bartleby de Melville, individuo poco dado a la acción y tremendamente afecto a la pasividad. Pariente, en verdad antecesor de la caterva de figurones beckettianos. No confundir: una cosa es ser pasivo y otra ser arriado por el oleaje, como (ya fue dicho en este mismo blog... creo) el Rímini de Pauls -no, no Gastón. La acumulación descripcional de detalles sin preconizar criterio alguno de relevancia, ¿no recuerda a 'La vida: instrucciones de uso' de Perec?
    Ahhh, Diego: ¿las palabras representan todo el tiempo? Hay, como mínimo, ambiguedad y polisemia: gato señala al animalito y a la puta. Claro, dirás: hay representación en uno y otro caso. Pero pensemos en el conglomerado finisecular de poetas franceses: Baudelaire, Rimbaud, Verlaine, Mallarmé. Cuando decían 'gato', ¿referían a ese animal más o menos peludo, siempre, en todo contexto? Entiendo por qué renegás de Perlongher, y por qué probablemente denostes a Osvaldo Lamborghini.
    ¿Hay un pacto de lectura? Otro lugar común. No estoy seguro. Puede que sí, seguramente sí en muchos casos. ¿Nunca te cayó un texto en la mano sin tener noticias de él ni de su autor? ¿Qué pacto hay ahí? Digamos que hay un código de lectura, pero es una relacion compleja (en algunos casos interesantes) que se establece con el correr de la narración. Al principio (en esos casos) uno avance y no siempre sabe bien por qué, pero nos gusta.
    Otro lugar común: la literatura es el texto. ¿Más purismo conceptual? No estoy muy seguro. ¿Qué hago con Sebald y sus fotos y mapas? Decir que una foto es un texto es, al menos admitime esto, un tanto forzado. ¿Qué hago con Alejandro López, que incluye una página de internet como parte de la obra 'Kerés Kojer'? Nuevamente, decir que eso no es literatura es antiintuitivo.

    Comentario de Matías Pailos hace 2 años y 30 meses

  9. Matías:

    Nos encanta el discurso postestructuralista, lo compartimos en la mayoría de sus postulados así como admiramos a sus más ilustres y franceses exponentes. Sin embargo, y a pesar de que creemos que la “ontología” es “así” como ellos la describen, no nos da lo mismo Camel que Marlboro, ni mucho menos que Derby Suaves. Ya sabemos que el sentido de las palabras se disemina, no necesitamos que un feo experimento literario nos lo venga a contar como moraleja. Así como nos gusta fumar un Camel más que un Derby, y nos gusta acostarnos más con Pepita que con Totita, nos parece mejor literatura la que nos atrapa que la que se tropieza sola invadida por guiños culturosos mal puestos. En dos líneas consecutivas podemos terminar de descartar (o de cerciorar) que cuando a Mimí le dicen gato no se trata de una chica que ofrece servicios sexuales. Porque no somos zoofílicos. Si en la vida nos preocupamos por dónde la ponemos, ¿por qué en la literatura no lo vamos a hacer también? ¿O vamos a decretar que la literatura es “ese espacio en donde demostramos que el significante no corresponde en exclusividad a un significado? Ya lo sabemos a eso. Pero el Quijote nos sigue partiendo la cabeza. Y Saer también, entre otros tantos. La literatura no está muerta: sigue causando efectos en el lector, el que así lo crea, se está suicidando él solito creyéndose el más piola de la cuadra.
    El pacto de lectura no necesita más del texto. Todo el tiempo leo cuentos y poemas de personas que pudieran ser pseudónimos o simplemente no existir. Así como no necesito conocer al kiosquero para que me entienda que quiero Camel y fósforos y no Derby y un paquete de chasquibúm. Hay formas.
    Los autores que mencionás son muchos, a algunos no los leí, con otros estoy haciendo el esfuerzo, darían para un debate por separado cada uno.

    Saludos

    Comentario de Diego hace 2 años y 30 meses

  10. fe de erratas: Lo correcto es:

    "El pacto de lectura no necesita más QUE el texto."

    Comentario de Diego hace 2 años y 30 meses

  11. Antes que nada, aclaro que no leí a Cucurto, así que el que crea que estoy poco autorizada para opinar aquí... tiene razón, no siga leyendo. Más allá de eso, me interesa el debate conceptual que se abrió, y que, sabiamente, es lo primero que pronostica nuestro queridísimo Playmóbil cuando comienza su post: "Cucurto nos lleva a preguntarnos acerca de los límites de la literatura". Si ése era el objetivo de Cucurto cuando escribió, evidentemente es un escritor, al menos, efectivo. Claro que, desde Barthes para acá, ya sabemos todo eso de la muerte del autor, y empezar a preguntarnos ahora qué quiso hacer Cucurto no tiene absolutamente ningún sentido. Así que paso a otra cosa, porque esto se derivó en otras interesantes cuestiones. No creo que haya que decir que el texto (salvo que estemos leyendo un manual de instrucciones) ni el contexto "le ponen límites" al lector. Deberíamos hablar, más bien, de diferentes perspectivas. Se puede leer sobre Irak como un niño lee un cuento de hadas, y acceder a una rica historia que ocurre “una vez”, en “un lejano lugar”. Y sería una lectura legítima. Claro que también se puede conocer algo de historia, de geografía o de actualidad, y poseer, por lo tanto, ciertos elementos para leer desde otro lugar (o leer otro texto, digámoslo así, aunque sea el mismo). Cuantos más puntos de abordaje tiene el lector, cuanto más "competente" resulta, más textos se le abren en la lectura de cada texto. También es cierto que un texto nos resulta más maravilloso cuánto más posibilidades de lectura nos ofrece (por eso podremos releer miles de veces El Quijote, y casi diría que todas las veces leeríamos un libro distinto). Del mismo modo, que sepamos que Cucurto es repositor de Coto, o cuál es el trabajo cotidiano de un repositor de Coto, qué es Coto, cuál es la situación socioeconómica del país donde se instala Coto, etc etc etc , sólo son elementos posibilitadores de nuevos puntos de vista (con esto no digo que sean indispensables, por supuesto. Pero, por más que a Playmóbil no le interesen esas cosas cuando lee literatura, son cosas que están ahí, y que, más o menos, juegan un cierto papel). Claro que, de ningún modo, justifican la mala literatura (en caso de que la de Cucurto lo sea, cosa de la que no puedo hablar, porque, repito, no lo leí). Por ejemplo. una cosa es saber que los martinfierristas tenían contacto con las vanguardias europeas de los años 20, viajaban y dominaban varias lenguas, y que eso les abría todo un espectro de posibilidades creativas. Otra cosa es decir que escribían bien por eso. Del mismo modo, nos resulta importante saber que, en el mismo momento, los que pertenecían al boedismo, eran tipos que accedían a reducidas traducciones de ediciones baratas de ciertos textos, que la mayoría trabajaba en el mercado central y que nunca se habían alejado mucho de allí, etc. Claro que no podemos justificar que la mayoría escribiera “mal” diciendo que “eran pobres”. Si eso es lo que hace Cucurto al exhibirse marketineramente como repositor de Coto... entonces no lo queremos, hay que decirlo. Ahora: ¿Elige ser repositor para evitar el conflicto? El planteo me parece genial, don Play (no sé si legítimo, tendría que leer). De todos modos, no creo que el criterio de evaluación tenga que girar necesariamente en torno al desarrollo o no de un conflicto evidente: Onetti escribe novelas enteras en las que aparentemente no pasa nasa, y las considero brillantes. Es ahí cuando entran a jugar otras cosas: las atmósferas, los diálogos, las descripciones, los conflictos ocultos que llevan a los personajes a la completa inacción... Y en todo eso se ve la buena literatura también (o más todavía, me atrevería a decir). Volviendo a lo anterior, opino que "la literatura no es el texto", sino que ésta lo excede (y cuanto mejor es el texto, más rebalsa la literatura para todos lados). Por eso, no hay por qué olvidar que estamos hablando de Cucurto como un PERSONAJE biográfico, un autor- repositor que, al fin y al cabo, tiene tanto de ficcional como su personaje novelesco. Cuando hablamos de Borges, por ejemplo, hablamos a partir de lo que otros dijeron sobre él y sobre sus textos, de lo que él dijo sobre otros, de lo que él dijo sobre sí mismo... en definitiva, construimos una imagen de Borges, que también es de carácter ficcional. Para terminar con el comentario, porque esto ya es un exceso burdo y obsceno: el tema de la representación es algo bastante más complejo (me parece que veníamos refiriéndonos a otra cosa), así que daría para abordarlo de otra manera. Me retiro pidiendo disculpas por el largo exabrupto, sobre todo teniendo en cuenta mi desconocimiento de la obra “cucurteril”, y por los errores que puede haber en este coment que ya no me voy a poner a corregir y releer. Pero sobre todo sostengo (desde mi total ignorancia) que si Cucurto hace lo que dice Diego por ahí... es un pésimo escritor (más allá de cómo sea su literatura que, en ése punto, no es más que un verdadero detalle...).

    Comentario de perdidaliviana hace 2 años y 30 meses

  12. los ríos de letras anteriores me llevan a un par de ideas;
    diego, está muy bien eso de que, en definitiva, el mundo existe, independientemente de que podamos dudar de él; cuando es camel, es camel, no dudo de si es otra marca disfrazada de.
    Algo parecido, me parece, es lo que quería decir Matías al principio: que cuando en la literatura no hay un momento de irrealidad, un conflicto que altere el orden de las cosas (en este caso, que a Cucurto lo echen de Coto), lo que hay es una descripción de esa vida cotidiana donde no dudamos de la existencia del mundo que no necesariamente es un hecho literario, sea esto último lo que sea. Y el punto, para englobar a todos mis comentadores, perdida, es que a pesar de que Onetti me aburrió un poco, ahí estaba el conflicto, solapado pero estaba; la calma chicha que le dicen. Acá no. Otra cosa, perdida: el punto es que lo literario, si se quiere, que tiene Cucurto es precisamente su estrategia de venderse como repositor y no sus cuentos. Y Flavio, es verdad, mucho historia: pero el límite a veces lo pone el texto, cuando no cuenta nada y tendría que contar algo. Como Halperín Donghi.

    Comentario de playmobil hace 2 años y 29 meses

  13. Es ridículo que escriba esto porque pasó mucho tiempo y obviamente nadie lo va a leer. Pero la construcción "cucurtiana" de cucurto es posterior a su literatura. Leí el fragmento del que hablan y tampoco me pareció bueno. Pero el personaje empezó circular a partir de su libro anterior: Cosa de negros. Y es bueno. Ahí, en "Noches vacías", no se juega para nada lo extraliterario, y sin embargo hay un trabajo con el lenguaje, la acción (aunque menos el relato) y la descripción de ese medio contexto del que se habla que lo expone en su riqueza. No desde afuera, no desde un heterónimo y tampoco desde una mirada exterior. Y el texto e smuy bueno. Como están bastante bien los poemas de "La máquina de hacer paraguayitos", donde nace el personaje Cucurto. Puede que este nuevo libro (hasta el título es malo) no esté a la altura del anterior. Pero el juicio de construcción extraliteria es completamente erróneo en lo que se refiere a Cosa de negros. Para mí el personaje le juega en contra, pero si algo tiene de interesante, por lo menos en su comienzo, es que es completamente prescindible. Habrá que ver si se lo morfó o no. Recomiendo Cosa de negros sin dudarlo.

    Comentario de Rea Americana hace 2 años y 26 meses


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