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Mundo Playmobil

la vida de un playmobil que postula hipótesis sólo para no comprobarlas

playmobil salteño: el orgullo de ser de filosofía y letras



2001. diciembre. no, antes, antes. inicios del corralito. Congreso de Filosofía en Salta. Recién había retomado la carrera y me pareció una buena idea. Debe haber sido de las peores.
La cosa era así; los izquierdistas revolucionarios organizaron el traslado para la gente de Filo para ir para Salta. Dos micros gratis con bastante gente de la carrera y bastante gente del patio, de esa que no se sabe muy bien su función más que bueno, los del patio.
Viajamos con Andrés, el cual soportó mi canto del himno del Bayern Munich muy poco tiempo. Apenas habíamos hecho tres cuadras, se comenzó a tener una sensación dulzona, humeante. Sensación que nos acompañaría por 28 horas, duración del viaje. Sensación constante, indetenible, pero agreta, esa que no convida.
Todo iba de una manera rara (digamos que ya estabamos todos bastante locos del barandazo) hasta las seis de la mañana. Abro los ojos y el micro estaba detenido en algún lugar con muchas garitas, con gente de gendarmería, con los choferes pidiéndonos no bajar. Era Tucumán y nos había parado la gendarmería, con lo cual en un casi desesperado e inútil gesto de sobrevivencia todos volteamos a ver los tenedores de sustancias, para comprobar su conducta. Creo que dormían o que consideraban que un par de noches en algún destacamento tucumano era parte de una historia que, en algún momento, debían contar.
La izquierda revolucionaria, luego de departir amistosamente con los símbolos de la autoridad provincial, nos comunican polit-burocráticamente que el micro en el cual yo y Andrés viajábamos no tenía las autorizaciones correspondientes y que, por consiguiente, quedaba confiscado, con lo cual un poco confundidos nos pasamos todos al otro micro.
Al subir al otro micro, el clima era tenso. Los pocos asientos disponibles fueron ganados a fuerza de corridas por los pasillos, lanzamientos olímpicos de mochilas cargadas de mate, de Foucault, de Spinoza y de porro, de un montón de porro. Claramente, el porro no se cayó de las mochilas aunque la suerte de los mates fue distinta, no conseguí asiento y Andrés tampoco, con lo cual nos resignamos tristemente a una improvisada y decadente fila india en el pasillo y en las escaleras.
A las dos horas, el entumecimiento de mis extremidades me obliga a pararme como si estuviera en el 133 a las 5 de la tarde. Miro piadosamente a los cómodos sentantes y ellos, como si viajaran en el 133 a las 5 de la tarde, hacen que duermen o en el mejor de los casos, me devuelven la mirada de "ni en pedo".
A eso de las 12 del mediodía, un sentante, la nueva clase social que se había inaugurado en el micro, comete el trágico error de levantarse para ir al baño. Olvidándome de todo tipo de cofradía filosófica, me arrojo con aire triunfal, dispuesto a echarle la consabida mirada de "te cagué" al sentante que había expropiado.
El sol entraba por la ventana, mi espalda se acomodaba a los recovecos del asiento, todo era excelente. Cierro los ojos cargados de ira y cansancio, y entro en esa modorra tan particular de los viajes en micro de larga distancia. Habían pasado cuatro, cinco minutos como mucho y escucho FUUUUUUUEEEEEEEEGGGGGGGGGOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!, de una manera muy vívida, muy real, como si proviniera del asiento de atrás. Abro los ojos, con la última esperanza de que no, de que mis sentidos me estuvieran jodiendo, pero no. Efectivamente, de allí provenía, del mismo lugar donde provenía una nube negra que delataba que nada podía ser como correspondía. Nuevamente, corridas en los pasillos húmedos, repletos de Foucaults, de Spinozas desparramados.
De alguna manera, bastante previsible para todos, el micro no había soportado llevar tanta gente, tanto peso y habiase roto el motor (o algo, no importa). No funcionaba más.
Al bajar, el día era bello, las montañas nos cobijaban y era todo una gran mierda. Luego de unos cinco minutos donde las ilusiones de que el desperfecto técnico se solucionara con prontitud se iban debilitando, comenzamos una errada y extraña peregrinación hacia ningún lado. O no, nos condujeron a un lugar bastante adecuado para la situación, a una curva de la ruta en donde una serie bastante numerosa de cruces, de fotos, de rosarios indicaban la muerte de gran cantidad de personas justo, precisamente, en ese lugar.
Algunos hacían dedo, otros subían desesperadamente a camionetas que las llevaran a otro lado de otro modo, Andrés y yo decidimos que ya estaba bien, que ya no importaba, que estaba bueno ser una cruz más ahí. Ni siquiera eso salió bien. A la hora y media, llegó un colectivo que paró, al cual subimos sin que nadie le preguntara absolutamente nada y nos llevó a Salta.

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Comentarios

  1. jaja, te faltaron algunas cosas, como las interminables discusiones acerca de si Aristóteles era o no punk; o que la cabeza de Andrés era el regocijo de las cucarachas voladoras de no sé qué puto pueblo perdido en la ruta.

    Comentario de Andrés hace 2 años y 31 meses

  2. Andrés, por qué hablás en tercera persona?

    Comentario de Playmobil hace 2 años y 31 meses

  3. Que feo es cuando una anecdota reconocida hasta el hartazgo, lo hace pensar a uno que te estas pareciendo al Tio Hofferlen. Save playmobil hipoteticos !!!

    Comentario de Flavio Pedemonti hace 2 años y 31 meses

  4. es que tengo tan pocas cosas para contar y tan pocos amigos para que me lean el blog...

    Comentario de playmobil hace 2 años y 31 meses

  5. viste?? y lo peor es cuando te piden que vuelvas a contar las mismas anecdotas que ya estas cansado de contar. seguramente hay nuevas...pero esas a nadie le interesa escucharlas...

    Comentario de hofferlen hace 2 años y 24 meses


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