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Mundo Playmobil

la vida de un playmobil que postula hipótesis sólo para no comprobarlas

Abelardo Castillo, o ¿por qué escribir?



El que tiene sed es una novela bella y dolorosa que narra un mundo lindante con la locura: el alcoholismo, su infierno y una arrebatadora aventura metafísica.
Eso decía la contratapa y la verdad es que, si bien aprendí que hay que desconfiar bastante de ellas, me trajo un montón de prejuicios respecto de lo que iba a empezar a leer. Me imaginé la historia de algún borracho con inquietudes y delirios metafísicos, hablando de lo Uno, del Ser, de la Botella que Transmite y así todo con mucha personificación e iniciales en mayúsculas. Ya pasé varios años creyendo que en las conversaciones de ebrio uno podía encontrar la clave de algo y dándome cuenta que, claro, al otro día no me acordaba bien que había pasado.
El que tiene sed tiene un poco de eso pero en la dosis necesaria, aunque a veces parece que no. Sin embargo, no es tanto en ese tema que quiero meterme sino en la propia reflexión castillana (¿se dirá así?) sobre el oficio de ser escritor.
Esteban Espósito es, además de un ebrio con ciertas capacidades físicas envidiables, un escritor con cierto prestigio en los famosos pero estrechísimos círculos literarios. Sin embargo, hace mucho que no puede escribir no tanto por su afición a la bebida sino por una inconclusa búsqueda existencial que realiza a través de ella: “treinta y siete años cumplidos, alcohólico crónico, que sí lee pero no no no escribe, profesión boludito de la Luna.”
La otra vuelta hablaba de Cheever y de la sensación que me habían dado esas descripciones carentes de vida pero llenas de un sentido obvio. La “gracia” de la descripción como recurso literario se manifiesta en Castillo de una forma mucho más cargada de acción dramática, sea esto lo que sea:

“!Voy a describirte, hijo de puta¡ - dijo de pronto Esteban. Y la cosa se replegó sobre sí misma, blandamente, cambió de posición con lentitud y lo miró de costado -. Eso es lo que voy a hacer. Sin que se me mueva un pelo.- Pero estaba temblando otra vez. Sin embargo, aunque parezca extraño, el animal no tenía, en sí mismo, nada de particularmente espantoso. Era sólo repugnante. Un alguacil más o menos injertado en el cuerpo de un gusano, lo que le daba un aspecto ambiguo, indeciso, de cosa inventada. – Tres pares de alas – dijo Esteban-. Que no pueden permitirle volar, ni saltar. No con ese corpachón. Ninguna pata. Me muero de risa – dijo Esteban.”
Por otra parte, Castillo maneja a la perfección - o, bueno, bastante bien - el delgado límite entre lo marginal y lo que pretende convertirse en esa especie de búsqueda metafísica. El loco es principalmente loco, el borracho es principalmente borracho, el catatónico es catatónico, a pesar de esa supuesta sabiduría mística. Y cuando lo olvidan, aparecen ellos mismos u otros diciendo: "bueno pero, en el fondo, vos estás loco, ¿qué querés?"
La historia de Espósito es, en definitiva, el camino por el cual escribe, luego de una temporada en un hospicio, Crónica de un iniciado. Y en ese viaje, que a veces es por micro, a veces por taxi, a veces en una habitación y a veces en dos, Espósito1, Espósito2, Castillo, se torturan para describir, para escribir y para entender porqué escriben y describen.
Parece que, como todos, Espósito bebe y escribe por alguna imagen que marcó y definió su adolescencia: “Qué hubiese pensado de esa cara el abstemio poeta de diecisiete años que veinte años atrás leyendo The Lost-Weekend, de Charles Jackson, y leyendo una escena idéntica a ésta, bebió un traguito de oporto y se miró en este mismo espejo para ver si él también, con el tiempo, llegaría a ser bello y atormentado y maldito.”
Justo ayer, cinco días después de leer estas líneas y como comprobación de mi división interna, dije algo así como “y bueno, lo que hacemos de adolescente nos parecerá con el tiempo, necesariamente, ridículo y vergonzoso.” Sin embargo, hoy después de diez años, me sigo preguntando si fumo igual que mi viejo. Y por eso escribimos. Porque, en el fondo, nos seguimos mirando al espejo preguntando.

Referencias

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Comentarios

  1. Yo compre ese libro en saldo con mucha ilusion y bla bla bla.
    Y la verdad me aburri, excepto por un par de pasajes me aburri, y me paso que pensaba, sabes que Castillo, no me vas a ganar la voy a terminar y la leia la leia todos los dias.
    Y la termine y nada.
    Solo puedo decir que lei a Castillo....

    Comentario de estrella-distante hace 2 años y 34 meses

  2. si, tal cual. pero alguna que otra puteada que se manda está bien

    Comentario de playmobil hace 2 años y 34 meses

  3. Si, y escribe sobre la plaza irlanda y me hace acordar a mi antiguo barrio. Pero que se yo, Castillo escribe demasiado sobre lo que es ¨ser escritor¨ sobre lo que es ¨ el oficio de escribir ¨ sobre lo que es ¨la literatura¨.
    Y esta bien, pero hay maneras y maneras.
    Que se yo, evidentemente no respeto nada....

    Comentario de estrella-distante hace 2 años y 34 meses

  4. Alguna noche esbocé la hipótesis de que la literatura argentina -digamos salvo las excepciones obvias - estaba enfermizamente en búsqueda de la "identidad" de la literatura argentina; algo así como hacer metaliteratura. Y eso es bastante denso; en Castillo se le suma un tufo metafísico bastante raro, pero nuevamente, algunas puteadas están bien

    Comentario de Playmobil hace 2 años y 34 meses

  5. Si claro lo de las puteadas es admirable. Hay que putear asi, eh.

    Esta muy bien esa hipotesis, el tema es que cuando dejan de buscar esa identidad, por supuesto en su inicio colectiva, hacen cualquier cosa.

    Bolaño es un tipo en busca de su identidad literaria, pero bueno, creo que lo pudo hacer en base de experiencia vital...creo, en fin, me esta dando el sol de frente

    Comentario de estrella-distante hace 2 años y 34 meses


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